sábado, 8 de marzo de 2014

¿Justicia para todos?

"Donde no hay Justicia es peligroso tener razón" escribe Quevedo. No le falta verdad a esta afirmación en la que el  liga la idea de la Justicia a la de la Civilización, al pensamiento racional del Hombre. Donde no hay Justicia no hay Razón.
Una vez me encontré entre el público que asistía a una charla mía a un hombre que se levantó y dijo: "la violencia es lo único sincero en el Hombre, nuestro sello de predadores"
Yo le respondí, con más voluntad que certeza que, siendo eso en parte verdad, no lo era del todo.
 Para mí, la característica más propia del Hombre es la Utopía. Ningún otro ser se atreve a imaginar su propio Destino, y mucho menos lo hace más allá de los límites razonables de la evidencia. El hombre soñó que surcaba los mares y lo hizo, soñó que volaba y lo hizo. El Progreso no es sino el golpe de riñón que la Utopía imprime a la Historia y
de todas las Utopías puede que la más recurrente, loca e inalcanzable sea la Justicia.
Iustitia, una de las cuatro virtudes cardinales, la que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Evocación de derecho, equidad y razón. La mayor aspiración de los hombres que quieren vivir juntos y en paz. No entraré aquí a valorar lo que subjetivamente cada cuál considera justo según su mérito o derecho, o el modo en que a través del ejercicio de la Ley la Justicia deja de ser un principio inherente para pasar a ser un artificio que constriñe y condiciona el ejercicio individual en aras del supuesto bien común. 
Lo que me interesa es la perversión de la utopía. Decimos que la ley es lo más parecido a un sistema equitativo en democracia. También los Régimen es Totalitarios se arman de un corpus jurídico, de unas leyes que siendo impuestas por una minoría son de obligado cumplimiento. Las aberraciones más grandes dejan de serlo si están escritas con rango de Ley. precisamente, esa es una de las características que distingue a un sistema de otro (aunque ni mucho menos el único).
La pregunta que me hago es qué ocurre cuando en un sistema democrático (de la mayoría para todos) regido por el principio de legalidad, Derecho y equidad, las leyes no son Justas, es decir, no buscan la igualdad, la compensación y el ejercicio de las libertades. Una ley, o una serie de leyes, votadas por un Parlamento legítimo ¿pueden ser desobedecidas si son manifiestamente injustas? Es más ¿deben ser desobedecidas so pena de una deriva totalitaria bajo el disfraz del bien común que solo protege a unos pocos? 
Me pregunto si la legitimidad parlamentaria puede ser la coartada para organizar en una acción sistemática el desmantelamiento de un sistema para cambiarlo por otro manifiestamente injusto.
Pruebas hay más que sobradas: en España, hoy no existe más que nominalmente la separación de poderes. El CGPJ cuyos vocales son elegidos por los partidos políticos no puede inhibirse de esa ascendencia, la Fiscalia General del Estado es un organismo que depende del poder político, las tasas judiciales en casos de reclamación civil no hacen sino favorecer la impunidad de quién tiene recursos económicos para sostener largos litigios, la injerencia permanente del Estado en los derechos y libertades individuales pretende una tutela por razón de ideología (¿qué otra cosa es el Proyecto de ley del aborto o la nueva ley de Seguridad Ciudadana?). Bajo la excusa de la formalidad jurídica, delincuentes manifiestos son excarcelados y sus juzgadores condenados, mientras que una polémica y decimonónica ley de indultos da una potestad política para dejar sin efecto condenas judiciales. No existe sin embargo, posibilidad alguna de cambiar o derogar una ley Hipotecaria que grava injustamente a los ciudadanos frente a las entidades prestatarias. Opacidad Tributaria, condescendencia con la Corrupción y utilización de las leyes en función de necesidades del Poder.
La puntilla, triste, definitiva, es la eliminación del concepto de Justicia Internacional. Ya no podrán acudir a los juzgados los oprimidos de cualquier parte del mundo. Hoy Pinochet no sería procesado, mientras los hijos de torturados por elementos franquistas deben acudir a la Justicia Argentina. Aquí, las fosas seguirán guardando sus disparos y los gritos que nadie quiere oír.
Puede que nuestro País sea un País democrático, sometido al mandato del Derecho y la Ley. Pero desde luego dista mucho, muchísimo de ser un país Justo.
Un consejo, para evitar malentendidos semánticos. El Ministro de Justicia bien haría en proponer un cambio en el nombre de su Ministerio. Podría llamarse en adelante, Ministro de Leyes que Me Interesan a Mi y a los Míos.


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