martes, 10 de diciembre de 2013

Los horizontes posibles

Apenas le dedicaron unos minutos en los medios, pasó casi desapercibida, pero la noticia me llamó la atención:
 La Agencia Espacial Europea ha puesto en órbita (o va a poner en los próximos días) una sonda espacial para el estudio de nuestra galaxia.
Lo primero que me fascina de esta historia es la complejidad técnica (en la que componentes fundamentales, como el panel energético, son de fabricación española); con una cámara de una sofistificación jamás vista, el proyecto de la misión es alejar la sonda a millones de kilómetros de la Tierra para fotografiar, estudiar y analizar las estrellas, algunas de ellas tan lejos que no son visibles para nosotros ni desde la estación espacial.
Desde que era un niño me asombran estas cosas, contadas por Julio Verne y su "Viaje a la Luna" y ratificadas por ese impulso de salir cada noche a mirar el frimamento desde mi jardín durante mucho tiempo, hasta que mi mente se calma. Las cifras, las distancias, los volúmenes me parecen tan desorbitados, que le dan sentido al concepto abstracto de lo infinito (y que no lo es). Como en la canción de MClan, imagino a un ser (un objeto en este caso) solitario, vagando en la inmensidad, buscando con ahínco cualquier vestigio de ¿qué? de Vida, de respuestas que quizá un día permitan que un ser Humano se convierta en explorador. Imagino el silencio roto solo por los giros mecánicos de la sonda, por el click de sus mil ojos fotográficos, abriéndose y cerrándose en parpadeo catódicos. Y a su alrededor, flotando en un magma asombroso, el Universo, su luz, su oscuridad, su potencia y su mansedumbre. Dicen que ningún astronauta que ha hecho un paseo espacial se queda indemne, A todos les cambia el concepto de Vida y de Existencia. Comprenden, quizá, lo que significamos: tanto y tan poco en la Historia de la Materia.
Otra cosa que me fascina es el dato revelado por el locutor que dio la noticia: conoceremos 10.000 veces más sobre nuestra Galaxia de lo que conocemos ahora. Exagerado o no, me asalta la idea de que el conocimiento y la sabiduría no son lo mismo. Conocemos algo, tenemos notícia de ello, pero no lo incorporamos a nuestra experiencia (algo así como el sistema educativo en España). La Sabiduría radica en incorporar el Conocimiento a la Experiencia, en la transformación de nuestras vidas al importar nuevas variables. El otro día, medio en serio, medio en broma, le decía a un amigo teólogo que si hoy descubriésemos de modo científico que Dios existe o que hay otras Vidas Sensibles, nos limitaríamos a un asombro que se agotaría en el próximo partido de Fútbol, y que, en todo caso, alimentaría Twiter unas horas, puede que algún avispado hiciese negocio vendiendo camisetas, o que los americanos o los chinos intentatasen  conquistarlo mandando una "misión humanitaria". Ya no tenemos capacidad de asombro porque nos hemos alejado tantísimo de nuestro estadio natural, hemos empobrecido a tales niveles nuestra razón de ser por culpa de la necesidad de vivir materialmente que, sencillamente, hemos olvidado lo milagroso de nuestra existencia improbable.
Y aún así, seguimos buscando fuera lo que no somos capaces de transformar dentro. Si la materia es sabia, esta sonda no nos ofrecerá ningún Avatar a la vista que podamos saquear. No estamos preparados, no somos capaces de comprender el privilegio de vivir en un entorno con oxígeno respirable, con agua potable y biodiversidad. No hemos aprendido nada todavía de nosotros mismos y de nuestra capacidad para cambiarnos, para mejorar y aprender de nuestra experiencia de Hombres inteligentes sobre la Tierra (que ya dura unos cuantos milenios de sabiduría acumulada y perdida) En realidad, mirados desde esos millones de años en la distancia, no somos muy distintos a esos grandes saurios que se extinguieron sin propia conciencia de haber existido. Somos como un virus que se vuelve contra si mismo, como un perro enloquecido que se busca la cola para dañarse. Aún no somos sabios.
Pero no todo está perdido; todavía existen mentes que ven más allá, existen fondos de investigación, médicos y científicos que buscan mejorar nuestra calidad de vida, hombres y mujeres que claman contra viento y marea por una reconciliación de los pueblos, de los individuos para consigo mismos. Hay millones de personas que luchan contra los molinos de viento, que tejen redes solidarias contra el hambre y las injusticias; genios creadores del arte y la belleza, personas que le dan dimensión al concepto de Humanidad. Algo en nosotros sigue valiendo la pena. Quizá ese hipotético observador de la Tierra nos mira con compasión, y aplaude el esfuerzo de esos pocos millones sin perder la esperanza.
Quizá por eso han bautizado a la sonda GAIA: la diosa Tierra, sabia, benévola, Paraíso entre tantos mundos muertos ahí afuera. 

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