sábado, 14 de diciembre de 2013

Espejismos y palabras

Igual que uno puede ahogarse en un espejismo, también existen rosas de papel que hieren como puñales. El verdadero peligro de no ser, radica precisamente en Ser. Algo así experimento ante el aluvión de informaciones, desinformaciones, opiniones y exabruptos que, a un lado y otro del mismo aire van y vienen desde hace meses (¿años?) con billete de ida y vuelta de Cataluña al resto de la Península y viceversa.
Ya he escrito mucho sobre mi posición al respecto, y sobre mis razones que, ciertas o no, son las propias, en tanto alguien no me convenza con argumentos de lo contrario.
Que existen desagravios y desencuentros es algo que resulta inútil y contraproducente negar. Cualquier persona comprende que negar un problema no lo hace desaparecer y confiarse al tiempo para que este se esfume es una solución equívoca que lleva al enquistamiento irresoluble. Cuando se lleva una discusión al campo del maximalismo, eso deja de ser discusión y pasa a ser una lucha de carneros, tercos y obstinados, que se embisten con una rabia acumulada largamente, pero que acabará con ambos sin remedio. Por fortuna. a un lado y otro, y entre medio, existen personas que además de sentido común, invitan a una reflexión sosegada y a mirar hacia adelante sin miedo.
En primer lugar me pregunto por qué asusta tanto, o por qué enfurece a ciertos políticos y medios la oportunidad de convocar una consulta popular. desde luego, el argumento de que la Constitución no lo contempla me parece hipócrita; llega a causar cansancio el uso abusivo y mercenario que se hace de la Carta Magna, invocándola cuando conviene a los Poderes y ninguneándola sin escrúpulos cuando interesa. Si el señor Zapatero y el señor Rajoy fueron capaces de modificarla para ceder a las presiones de la troika en defensa de los intereses económicos de los oligopolios, si lo hicieron casi a escondidas, un fin de semana, votado de manera precipitada ¿por qué no ahora? Es más, ¿por qué no se cumple escrupulosamente la Constitución en lo que se refiere a derechos fundamentales recogidos en esta misma como el derecho al Trabajo, la Salud, la Educación...?
Para quien se llena la boca de ejercicio democrático aunque se niegue al examen de los periodistas, aunque mienta sin pudor en su programa político, aunque utilice las instituciones judiciales y la Fiscalía como una especie de Nueva Inquisición, lo más normal debería ser entender que la verdadera democracia radica precisamente en la voluntad Soberana, y que esta se expresa por el derecho a decidir directamente.
He aquí porqué estoy completamente a favor de que se celebre la consulta. Por pura higiene democrática, y porque aquellos que no somos independentistas podemos (siempre hemos podido, por mucho que se inventen fantasmas ciertos Ministros y ciertos pseudoperiodistas) opinar, debatir y expresarnos con los que sí lo son. Y voy más lejos: no tendría inconveniente en que se convocara a todos los españoles, si con ello podemos sacar el agua clara de una vez por todas, puesto que afecta, en realidad a la tan intocable unidad Nacional.
Tengo la intuición de que en esta discusión hay pocas personas honestas en sus planteamientos, que se recurre con facilidad a la demagogia, al fanfarroneo barriobajero, a la manipulación histórica de unos y otros para esconder propias miserias y crear enemigos. Eso dice muy poco de la altura de miras de quienes, desde un lado u otro, se ven en la coyuntura histórica de este momento.
Quizá no hace falta atizar tantos fantasmas, ni esgrimir tantas banderas. Quizá lo que necesitamos urgentemente es una regeneración política de gran calado, nuevas personas, más jóvenes, sin deberes ni favores que pagar a los poderosos de este País; personas que no vean la política como un coto de caza sino como una oportunidad, una herramienta para afrontar los cambios estructurales, éticos, morales, económicos y sociales que necesitan Catalunya y España.
Cuando la Justicia sea justicia, cuando los ladrones sean llamados como tales, cuando las instituciones sean la verdadera representación de la ciudadanía, podremos apartar el griterío de lo importante.
Pueda que llegado ese momento, el debate fuese más sincero y más productivo.

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