martes, 26 de noviembre de 2013

La cruda realidad

Hoy tenía que escribir una entrada, la segunda parte de mi último viaje a Toulouse; me apetecía hablar de la experiencia de compartir cena y charla con alguien como Jaume Cabré, hombre lleno de vida, de literatura y bonhomía, o las charla con Carme Riera, o el debate con Sebastià Alzamora sobre novela e Historia...Tenía que hablar de sensaciones maravillosas de sentirse escritor en pos de un sueño; sí, y de esa maravillosa ciudad llena de significado para tantos exiliados.
Pero, mientras empezaba a escribir, la realidad se ha aparecido por mi ventana, con toda su crudeza, precisamente hoy, que el frío del invierno es frío de verdad.
Qué triste es que un ser humano no pueda ganarse la vida con un trabajo digno, que tenga un padre que mendigar de puerta en puerta con un niño en brazos cuando aún es joven y fuerte, cuando tiene tanto por hacer aún.
Qué pena da esa mirada de orgullo herido y derrota, y qué cerca está de la mayoría de nosotros.
Dicen que ahora hay menos divorcios, la Iglesia estará contenta ¿será que el Matrimonio vuelve a ser cosa sagrada? No; más bien la Iglesia debería agradecer este aumento del "para toda la Vida y lo que Dios ha unido que no lo separe el Hombre" al Ministro de Economía, al de Hacienda, al Banquero, al Especulador, al Ladrón, y en última instancia a todos esos Hombres Justos de traje italiano y pose de perdonavidas que se están enriqueciendo a costa de la miseria de millones de mujeres, pagando sueldos de miseria, exigiendo servilismo, amos como son del Mundo por la gracia de un sistema que solo está pensado para ellos.
¿Cómo puede un padre cuidar a su familia con 400 euros al mes? ¿Cómo puede una mujer soñar con ser dueña de su vida sin un sueldo digno? ¿Para qué tantos estudios, tantas esperanzas, tantos esfuerzos?
Cada maldito día, cada maldita hora, nos bombardean con imágenes de políticos, expertos, tertulianos sesudos, oímos sus voces, vemos sus gráficas, escuchamos sus análisis. Se echan mierda unos a otros, solo hablan, hablan, hablan...pero ¿Qué dicen? No dicen Nada.
¿Cómo pensar que una sociedad puede progresar hacia la libertad del individuo si no puede sustentarse en lo básico sin humillarse? ¿Cómo vamos a ocuparnos de la Educación, de la Cultura, de los libros, de la belleza si todo eso es para los palacios que nada conocen de la calle?
Hoy no tengo ganas de escribir sobre literatura.
Hoy solo pienso que una familia tendrá que dormir en la calle. Que los padres tendrán que inventar ilusiones para que sus hijos sigan creyendo que algún día las cosas serán mejor para ellos.
Como hicieron mis padres conmigo, hace ya cuarenta años. Alimentarme de abrazos, de palabras. Mientras se rompían por dentro.

6 comentarios:

  1. Volvemos a aquellos tiempos en que los esclavos no tenían derecho a quejarse. Si acaso, a cantar

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    1. Pero olvidan muchos que los esclavos siempre sueñan con dejar de serlo. Y que tarde o temprano, dejaran de soñar para pasar a la acción.

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  2. La verdad es que el tuyo es un sentir un poco general. A veces da la impresión de que es verdad que el barco se está hundiendo. Aunque luego sea que no. De todos modos, si por allí el frío asusta, por aquí, por Alemania, es que remata.
    Animo. Y de los políticos... difícil con ellos.
    Tengo hace 3 meses tu Sonrisa del samurai ahí en planta. Y si no la he leído todavía no es falta de ganas, sino porque en medio, delante y detrás hay como cientos de libros. Prometo, que algún día la leeré completa.
    Saludos Víctor.
    También abrazos.

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    1. La realidad tiene muchas caras, y todas se muestran a la vez, ciertamente, Díaz-Rullo. Ocurre que algunas veces las caras más crudas no pueden disimularse y se hacen presentes. Ya encontrarás el momento para leerla, o ella te encontrará a ti.
      Un saludo

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  3. Las alegrías de algunos se tiñen con las tristezas de quien los rodean. Por desgracia, seguimos sin mejorar, sin encontrar esos "brotes verdes", sin convertir los valles en picos, más bien van camino de hacerse fosa profunda.
    Es terriblemente espeluznante ver cómo cada día los contenedores son saqueados por alguien que sólo busca comida o cualquier cosa que sirva para vender. Muchos incluso llegan a cogerte la bolsa de la mano con el pretexto de ayudarte por ver qué es lo que se esconde tras el gris de su plástico. Las ilusiones cada vez son menos, se apagan cual rayos del sol al anochecer y si le añadimos el comentario de una niña de trece años; "¿para qué voy a estudiar si no hay trabajo?" ya puedes despedirte de intentar mantener la llama encendida si ni uno mismo encuentra palabras para rebatir semejante realidad. La televisión solo arroja la demagogía barata con la que unos y otros pretenden seguir embaucando al pobre ex-trabajador que de sus penas nacen lágrimas imposibles de retener tras un día más sin esperanzas. ¿Ha de ser ésta la última que se pierda? Ya están casi perdidas, díficil será encontrarlas. Pero seguiremos luchando por dejar algo a las nuevas generaciones que ójala consigan derrocar lo que la actual se empeña en hundir.

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  4. Por que ne se rompian y se pierdan esas vidas, los que pueden tienen que testificar, decir y escribir lo que ven, saben y entienden. No parece mucho, pero por los que son acostumbrados a callarse, este reconocimiento puede ser el primero paso hacia una vida nueva, digna, que quita la vergüenza de todos los desahucios. El silencio y la indiferencia matan sin remordimiento. La lástima y sus lagrimas en los periodicos o en las pantallas no hace mejor, si no hace peor.

    (un trabajador social de Francia... que pruebe escribir en castellano)

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