viernes, 20 de septiembre de 2013

Incredulidades o el olvido voluntario

Hay cosas que llaman al humor; especialmente nosotros ( y cabe preguntarse ahora a quiénes engloga este nosotros) somos muy dados a ese sentimiento de hiena, rápidos de lengua y de reflejos ante el mínimo tropiezo ajeno (literal o metafórico); así que en los tiempos que corren, los cazadores de chascarrillos viven su particular siglo de Oro. Día sí, día también, las cretineces, las necedades y las gilipolleces más audaces dan carnaza de sobra, y se diría que los imbéciles y las imbéciles hacen cola para hacer gala pública de su torpeza. Bien está lo de reirse de uno mismo, y sobretodo lo de reirse de los demás. Dicen que la carcajada alarga la Vida, y será por eso que el Gobierno con todo su aparato se propone meternos el miedo en el cuerpo, la depresión y la apatía (eso que se ha dado en llamar "mayoría silenciosa"). Seguro que a ciertos ministros no les interesa que, como dicen, en España alcancemos pronto los 100 años de expectativa de Vida. Mejor morirse joven (igual por eso van a reformar la ley antitabaco, además de para favorecer a un especulador sin principios ni Patria, que barata se vende España, señores) que pagar pensiones.
Pero, qué quieren que les diga, hay cosas que no hacen ni puñetera gracia, y a uno no le queda más remedio que adoptar esa gravedad mesetaria de caballero de negro con la mano en el pecho. Porque, digo yo, que la desmemoria no hace reír, sobretodo cuando hace referencia a esta Sociedad nuestra, que de carnicerías, toros de Tordesillas y tiros en la nuca está sobrada en su Historia, sino más bien, y vistos los antecedentes, invita a temblar.
Mi abuelo me decía que con las cosas de comer no se juega, pero
eso no deben haberlo aprendido ciertos medios de comunicación (de difamación y contaminación, diría yo) que hacen gala de una grotesca desmemoria. O, puede, y Dios no me quite la ingenuidad, que lo hagan a propósito, con un fin que solo sus mentes enfermas adivinan, lo cuál es, además de terriblemente deleznable, asombrosamente irresponsable y descarnadamente cobarde.
Me gustaría que alguien me explique qué gracia o qué interés tiene que un canal de televisión (privado o público, todos se rigen por un código deontológico, supuestamente) traiga a una tertulia (a un gallinero de gallos con espolones y cobardías disfrazadas) a un líder de un partido fascista que aboga directamente por el "ojo por ojo y diente por diente" ante una supuesta agresión a la "virilidad del Estado". Hay gente que tiene una vida tan pobre que se adueña de lo que no le pertenece, que se auto erige en un Cid campeador de una España que solo existe en su pobre cerebro, donde todavía vale el "Por Santiago y cierra España". Seguro que nuestros mayores podrían hablarles de los miserables que emergen en el terror, esas ratas anodinas que cuando tienen un brazalete en el brazo se erigen en los seres más despreciables. Pobres enfermos, esperan su momento, agazapados, royendo su miseria intelectual y su falta de empatía con los seres decentes.
Hubo un tiempo en que pensamos que estos energúmenos eran divertidos, para ver y escuchar en esos programas de zapeo y resúmenes.Nadie les tomaba en serio. 
Pero ya no tiene gracia.
Quien convoca a un fascista solo para ganar audiencia no puede ampararse en esos subtítulos que a modo justificativo advierten que la cadena en cuestión no subscribe las declaraciones u opiniones de los opinantes. ¿Ah, no? Y entonces ¿a cuénto de qué les prestan el micro y la cámara para desahogarse como perros rabiosos?
En este país, no hace tanto que los unos y los otros vivieron el terror de las palabras impuestas a bofetadas, a tiros y a torturas, y en el que el Silencio se convirtió en "Democracia orgánica" Parece que lo que ocurrió en 1939 sea prehistoria. Pero los trogloditas siguen campando, y hay quien los azuza para soltar un poco de veneno.
Culpable será el mensajero tanto como el mensaje.
¿Ustedes recuerdan las matanzas de Ruanda? ¿Recuerdan a la radio y a la televisión incitando al genocidio entre hutus y tutsis?
Llámenme alarmista, caballero de la Triste Figura o como les dé la gana. Pero hay chistes que tienen muy poca gracia, y hay circos que deben ser atajados de raíz y sin contemplaciones.
Por lo pronto, hoy hay un canal menos en la codificación de mi televisor.

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