miércoles, 12 de diciembre de 2012

Mi amiga H

Digamos que mi amiga se llama H. Imaginemos que es real.
H ha cumplido los cuarenta sin darse cuenta, entre semana, cuando todo el mundo anda demasiado atareado para felicitarla o acordarse de que hoy es su día. Me dice, entre risas esforzadas, que se ha acordado al mirarse al espejo. No me dice lo que ha visto pero, sea lo que sea, sigue cosido en sus pupilas. Prefiero no preguntarle.
H trabaja como Policía. Detesta que le digan que es Policía. Argumenta con razón que uno no es lo que hace para ganarse el jornal. Se defiende con una vehemencia que no le he visto en los años que la conozco. Como si tuviera que justificarse. No tiene que hacerlo, no conmigo. Lo recuerda, sonríe cansada y aparta un mechón de pelo gris de su frente ceñuda. "Tú ya sabes de lo que hablo"
La veo mover la cucharilla en la taza del café con un gesto ausente. La encuentro guapa, como siempre. H es guapa sin saberlo y eso la hace más bella. Las montañas son hermosas pero no son fáciles de escalar. A mi amiga le atosiga ese miedo inconcreto que aparece en cierto momento de la vida, cuando la yema de los dedos se queda atrapada en las primeras arrugas al recorrer la mejilla. Se está preguntando si, después de todos estos años, eligió el camino correcto. Me mira y espera que le de una respuesta que pueda permitirle seguir adelante. Pero yo no puedo dársela.
"Tú te has marchado" me dice, como si eso me convirtiera en alguien que tiene todas las respuestas. Le digo que nunca quise quedarme, esa es la diferencia. Yo hacía mi trabajo con abnegación, lo mejor que podía. Ella ama su profesión tanto como yo amo la literatura. Es diferente. Podría hablarle de lo difícil que es para mí, del modo en que me he complicado la vida, de las dificultades para salir adelante, del miedo al fracaso...pero no lo hago. Soy feliz, a pesar de todo. Y a eso se refiere.
Me cuenta una anécdota mientras enciende un cigarrillo (estamos debajo de una de esas estufas en la terraza de un bar). Has vuelto a fumar, le digo (y me apena ver que ha caído por abandono). Se ríe y me señala. Yo nunca he confiado en mi fuerza de voluntad con las maneras de matarse. La anécdota, le vuelvo a traer al hilo:
H me cuenta que hace poco tuvo una comida familiar. Es una mujer que quiere a sus padres y no los alquila para desentenderse de sus tres hijos los fines de semana. A la comida han acudido su hermano y la novia. Es un chico majo, tú le conoces (asiento aunque le recuerdo vagamente). Sus padres le han pagado la Universidad, Derecho, pero no ejerce. Nadie ejerce de nada en estos tiempos. Sólo se sobrevive.
El hermano de H milita en una ONG pro derechos humanos, es un chico majo, me repite machaconamente mi amiga, y ahí intuyo la grieta. "A él no le gusta la Policía. Piensa que todo el tiempo nos dedicamos a pegar a la gente, deshauciar a los abuelos o poner multas. Es lo que piensa la mayoría de la gente, le digo. Y eso nunca nos ha afectado. H asiente, pero, me dice, esta vez ha sido diferente. Su hermano le ha enseñado una fotografía del periódico donde aparece una mujer malherida por un pelotazo de los antidisturbios. Le ha enseñado esa fotografía y le ha escupido con ira "sóis unos asesinos"
Mi hermano. Que me conoce desde que nació. Que me ha visto llegar a casa magullada por intervenir en una pelea para proteger a una mujer. Mi hermano, una persona inteligente, sensata, capaz de pensar por sí misma, que no ha dudado en llamarme cada vez que tiene un problema.
No sé qué decirle. Solo pienso que su hermano es un necio. Y que la necedad es el pan de cada día ahora. Trato de cambiar de tema, pero inevitablemente acabamos hablando de lo mismo.
No sé qué estoy haciendo. Si no fuera por los niños, lo mandaría todo a la mierda. Me estou volviendo loca. Los ojos le brillan, de rabia, de tristeza, de confusión.
Conozco a H desde hace muchos años, tantos que ya podemos llamarnos amigos y no sentirnos unos farsantes. Cuando la abrazo y siento toda la fragilidad de su cuerpo, de alguna manera su pena se me pega a la piel.
Sé, aunque ella no me lo ha dicho, que su marido está en el paro, y que con las bajadas de sueldo y los niños a duras penas les alcanza para salir adelante. Tienen hipoteca, llegan las navidades. No puede pedirle a sus padres porque son jubilados y ya soportan bastante ayudando a su hermano a pagar el alquiler. Sé que tiene miedo de ver cómo un día no muy lejano también le puede tocar a ella, o a sus padres, que la avalaron, verse en la calle.
Comprendo esa  especie de esquizofrenia en H. Algo que la está partiendo por la mitad. Se hizo policía porque era capaz de soportar muchas cosas a cambio de sentirse útil. Ahora no queda nada de eso. Debe proteger a los mismos que la están jodiendo, a los mismos que amenazan la seguridad de sus hijos y de sus padres. Y debe soportar el escarnio de su propio hermano, y con él las injusticias y malidicencias de una sociedad que se revuelve contra ella porque no es capaz de enfrentarse a los verdaderos causantes del problema.
Cada día, H se pone su uniforme y reza para no tener que asistir a un desalojo, para no tener que enfrentarse a una manifestación de trabajadores a los que el empresario no paga, para no tener que proteger a ningún político sin escrúpulos. Sí, H se está rompiendo por dentro. Se siente atrapada.
No soy capaz de refutar todo su asco hacia los políticos, los banqueros, los periodistas...Su rabia alcanza a todo el mundo. Incluso se revuelve contra ella misma, contra lo que ama, como un perro que se persigue la cola.
Apuramos nuestro tiempo. Nos despedimos con la sensación de que hablar no sirve de nada. Pero necesitamos hacerlo. Veo marcharse a H calle arriba. Los hombros caídos, el paso lento, las manos en los bolsillos. Y la recuerdo hace tantos años, tan distinta. Y rezo para que algún día vuelva.

1 comentario:

  1. Me ha conmovido esta historia. Hasta superman tiene una vida propia debajo de su traje, algo que la mayoría de la sociedad no le permite a la policia. ¿ Acaso vamos por ahí diciéndoles a los carpinteros como tienen que hacer los muebles, a los fontaneros como tienen que poner las tuberías, etc? Pero en cambio todo el mundo se permite decirle a un polcía lo qué y cómo tiene que hacer su trabajo y sin equivocarse. Piensan que el traje te da poderes para olvidarte que cuando no lo llevas no puedes volar pero la realidad es que no puedes...

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