sábado, 17 de noviembre de 2012

Mi día de reflexión: un proyecto necesario

Todos nos hemos enterado ya de que el 25 de Noviembre hay elecciones en Catalunya. Se dice que el día anterior se dedica a la "reflexión" para que el ciudadano pueda elegir la opción política que más le conviene.
Coincidirán ustedes conmigo en que eso es un mero eufemismo. Todos llevamos inmersos en esta reflexión desde hace ya muchísimo tiempo. Y algunos seguimos sin ver el horizonte claro, miremos donde miremos. Así que, hoy, día de lluvia (poco propicio para los pensamientos positivos, dirán algunos) he decidido intentar poner sobre el papel ese enjambre de ideas que pulula en mi cabeza y ver si, saco algo en claro. Quizá a alguno de ustedes les sirva. O quizá ni siquiera me sirva a mí.
Para empezar, yo sí creo firmemente en la Política. La política como arte de lo posible, como foro de encuentro entre las ideas, los proyectos y su posterior concreción en acciones específicas. Así que, lo primero que demandaría es un Partido político que cumpla expresamente cada uno de los puntos de su programa electoral. No me vale eso de que la realidad es muy otra cuando se está en el Poder. Antes de hacer propuestas, piensen si podrán o no cumplirlas. Caso contrario, no mientan, y cíñanse a lo que sí pueden cumplir.
En segundo lugar, pediría espíritu democrático. Demos, la expresión del ciudadano en quien recae la soberanía. Quiero políticos vocacionales, con el firme convencimiento de que en lo público está el honor, que no conviertan la Política en un medio de vida, de enriquecimiento o de falsa sensación de Poder. Quiero políticos que no se crean amos, sino servidores. Tal vez para ello, sería una buena idea tener listas abiertas y estar dispuesto a modificar la ley electoral, la composición del Parlamento y la ley de sueldos y dádivas de sus Señorías. También estaría bien diferenciar claramente los intereses particulares de los públicos. Así se evitarían casos de financiación irregular, compra de medios de comunicación a través de subvenciones públicas.
En tercer lugar, creo que la mejor forma de gobierno es aquella capaz de expresar en su máximo posible un proyecto de sociedad equitativo, ético, socialmente estable, basado en el estado de derecho, en el equilibrio entre derechos y obligaciones. Creo en una forma de gobierno sin cabida a la corrupción, al desfalco, a la injusticia. Por tanto, en el programa del partido que he de votar, debe quedar claramente expresado que el derecho a la vivienda, al trabajo, a la sanidad y a la educación no serán palabras ditirámbicas impresas en una declaración de intenciones, sino una prioridad incuestionable. Para ello, habrá que juzgar y encarcelar a los banqueros que han estafado ahorradores, que han impuesto cláusulas abusivas en las hipotecas, que pese a recibir dinero público lanzan a las personas de sus viviendas de por vida. Se deberá derogar la actual ley hipotecaria y redactar una más justa donde exista correlación entre acreedores y deudores. Tampoco se permitirá que los ayuntamientos y entidades públicas se lucren con impuestos sobre el suelo y después se laven las manos como Pilatos.
El Partido que yo vote derogará el euro por receta, congelará sueldos de funcionarios en la misma medida que lo hagan los políticos, respetará las pensiones, invertirá menos en campañas institucionales y más en I+D, abogará por el desarrollo industrial con capital local, promocionará la igualdad de oportunidades con un sistema educativo efectivo de becas, ayudas y un alto nivel de exigencia académica. Promocionará como valor del país la cultura y las artes sin parar mientes en la lengua, respetando las sensibilidades de la sociedad.
Renegociará la deuda con las entidades extranjeras a fin de llegar a un acuerdo, siendo la banca la principal depositaria de esa deuda, y en caso de no ser posible, optará por la vía islandesa, aunque con ello nos expulsen del maravilloso universo del euro.
Se derogará la ley de Reforma laboral por abusiva, injusta e inmoral y se buscará el equilibrio entre los derechos del empresario al beneficio y del trabajador a un sueldo digno. Se protegerá a los empresarios contra los abusos del trabajador pero se perseguirá con igual firmeza a los empresarios que subcontratan mano de obra a precios de esclavitud, a los que no pagan sueldos y amedrentan a los trabajadores con el fantasma del despido y con el mobing laboral.
El partido que yo he de votar, en definitiva, elegirá otro proyecto de vida, donde prime el bienestar del ser humano sobre el lujo desorbitado, donde la economía sea una herramienta al servicio de la sociedad, tal que la cultura, la salud, la seguridad jurídica en equilibrio con una ciudadanía madura, capaz de asumir responsabilidades y sacrificios en aras de un futuro común mejor.
...Sí, lo sé. Mientras voy escribiendo, los dedos pierden fuerza sobre las teclas. Incluso yo me acuso de ingenuo. Hoy no existe un Partido así, ni aquí, ni en Portugal, ni en Pernanbuco. Pero quién sabe si entre todos ustedes y yo, no seamos capaces de inventarlo.
Mientras llega ese día, seguiré reflexionando. Y el día 25 iré a votar.

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