viernes, 19 de octubre de 2012

Silencio y literatura.

Cuando hace unos meses me invitaron a dar unas conferencias en Burdeos con motivo del encuentro Lettres du Monde me quedé sorprendido. En la invitación decían que la cultura invitada era la catalana. Lo pensé mucho antes de responder afirmativamente. Aunque bilingüe y profundamente identificado con la lengua y los usos de Cataluña, mi lengua materna es el castellano. Una cosa es el registro coloquial (normalmente en catalán) y otra muy distinta el registro literario. Hay que tenerle respeto a la lengua, sobretodo cuando pretendemos dejarla grabada en un papel. Sinceramente, pensaba que no era un representante ideal de nuestra cultura en lengua catalana. Sin embargo, cuando vi que el Institut d'Estudis Ramon Llull avalaba la propuesta, decidí aceptar.
Porque, a fin de cuentas, la cultura catalana también tiene una sensibilidad que se expresa en castellano en lo literario; una tradición abierta de mestizaje, que no es excluyente, abierta al mundo, representada por voces como las de Montalbán, Ledesma, Marsé, Mendoza...y de la que es heredero un servidor.
Así que en definitiva, acepté la invitación porque se me pedía, simplemente (y nada menos) que hablara sobre la memoria, el dolor y la literatura. Que hablara de la Tristeza del Samurai.
He aquí un extracto de la conferencia que he dado en el Instituto Cervantes de Burdeos, nada menos que en la casa de Goya, bajo las estancias en las que el pintor expiró. He decidido incorporarla porque, de algún modo, compendia todo aquello en lo que yo creo:
Presentaciones, agradecimientos. Durante unos minutos hablo de mi vida personal, de la trayectoria vital que desde niño me ha conducido hacia la literatura como medio de búsqueda de un nuevo mundo.
"¿Qué somos los seres humanos? Un anhelo permanente dde encontrar razones para nuestra Existencia, una voluntad insensata de felicidad. Seres que buscamos el modo de ser aquello que una vez soñamos. Seres que fracasamos, y aún así, perseveramos.
"La literatura, como cualquier otra expresión artística, parte de lo singular para tender a lo general en un intento de hallar respuestas. La Tristeza del Samurai no es diferente a esta vocación de espejo. A través de las pequeñas vidas de sus personajes, se tejen los nudos que nos atan a la Gran Historia y a las preguntas que son el motor de la evolución humana. ¿Qué es la libertad?¿Cómo se construye, qué tributo nos exige? ¿Estamos dispuestos a pagarlo?. Porque en definitiva, contra lo que dicen los libros y los manuales de Historia, la emancipación del Ser Humano no se explica a través de las grandes efemérides, sino que, por el contrario, la libertad colectiva sólo se consigue a través de los gestos de rebeldía individual. Rebeldía contra el tiempo, las circunstancias, el pesimismo y la predeterminación. Tal vez no seamos seres con un destino abierto, pero tenemos albedrío"
"Fíjense ustedes que hablo en mis novelas del Tiempo constantemente, el tiempo como medida de nuestras vidas. Pero en realidad, como decía Proust, hablar del tiempo es hablar de la memoria. El tiempo desmemoriado no existe, o dicho de otro modo: sin memoria, el tiempo no es posible. Porque la memoria no es únicamente lo vivido, lo pretérito, sino, y sobretodo, lo recordado.
Cuando el silencio se impone en nuestras vidas, en nuestro pasado, como en el de los pueblos, es como si nada hubiera existido. Y muchas veces se invoca ese silencio como forma de olvido. Pero no debemos confundir el olvido con el perdón.
" El silencio no cicatriza nunca las heridas, simplemente acumula costras, supura por las costuras de las heridas en las sociedades que no están en Paz con su pasado, en las familias, en nosotros mismos. Por eso, al escribir la Tristeza del Samurai mi compromiso es contra ese silencio; sus personajes gritan de dolor, ciertamente, pero también gritan porque están vivos y necesitan encontrar su lugar en el Mundo.
"España, como la inmensa mayoría de sociedades, no puede ser absuelta por su memoria histórica; como sociedad guardamos demasiados fantasmas y nos atemorizan. Pero existe una memoria individual que nos redime, nuestras luchas por la dignidad del día a día, la lucha de nuestros padres, abuelos, por seguir adelante. Nada, ninguna dictadura, puede vencer esa firmeza cotidiana de quien decide vivir por y para los suyos. Hobbes escribió la célebre frase de que el hombre es un lobo para el hombre. No seré yo quién lo niegue, las continuas tragedias humanas le dan la razón; pero siendo eso cierto, también lo es lo contrario: el ser humano es capaz de soportar el sufrimiento, de vencerlo con la solidaridad, con el compromiso de su tiempo, con la ayuda de sus seres amados. Resilencia, recuerden esta palabra, porque es nuestra mayor virtud como especie.
"Ojalá tuviera la vastedad de conocimientos de Borges para apuntalar mis opiniones en citas y pensamientos de otros. Puesto que no la tengo, debo sustentarme en mi hermana, la intuición, cuando les digo que estoy firmemente convencido de que somos seres magníficos, mucho más allá de lo que nuestra mediocridad nos impone. Tan solo necesitamos mirarnos al espejo para descubrirlo y tener la valentía de actuar de acuerdo a nuestra grandeza"
"De eso, y no de otra cosa, habla La Tristeza del Samurai, o cualquier otra cosa que pueda surgir de esta mano"
Muchas gracias por su atención.
Preguntas.

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