domingo, 22 de julio de 2012

Desde lejos

No lo puedo evitar; a veces veo cómo avanza el Mundo y siento que me quedo atrás, que de pronto aminoro el paso y ya no tengo ganas de perseguir sus sombras. Oigo los gritos como si estuviera al otro lado de un cristal transparente donde se reflejan las imágenes de los otros pero no me llega su voz.
A veces tengo ataques de una lucidez que me asfixia. Y entonces siento que me dejo arrastrar al fondo más profundo de un océano que sólo traspasan los rayos del Sol.
Escucho mi propia ira, mi impaciencia y me doy cuenta de que este no soy yo. Sólo lo que las imagenes del exterior proyectan en mí. Me basta con contemplar esta colilla retorcida que se consume en el tiesto de tierra seca, escucho el sonido de la camisa batiendo al viento como una oriflama en el tendero. Miro los ojos acuosos de ese perro que jadea tumbado en la sombra de una araucaria. Es como si todo estuviera dentro, y al mismo tiempo lo viviera desde lejos.
Hay un camino que sale de mi casa y cruza un arroyo seco. Es como una cinta de polvo que se pierde entre sembríos ahora secos. Aún perduran las palabras dichas entre las nubes mientras paseaba y todavía confiaba en el poder de las palabras. Las palabras no unen nada, no son agua. Sólo confunden y estropean el silencio. Sólo mentimos cuando hablamos. A veces sin querer, como respiramos.
Pienso en un castillo de ruido donde me obligan a vivir. Y por más que corro, encuentro miradas perdidas, ilusiones que no se cumplirán, rabia vacía, embustes en la televisión. Mi amigo tiene cáncer, en el Ministerio estarán contentos. Uno menos que alimentar. Mi prima está en la calle después de veinticinco años en la misma empresa. Y lo que me apena no es su indenmización (Gracias Rajoy por tu reforma) sino su desconsuelo por sentirse traicionada, por haberle dado todo a un cerdo que sólo sueña con millones de Euros en un banco alemán. Me conmueve su inocencia, y me hace sentir sucio. Dicen que a partir del 2015 la cosa irá mejor, y la gente quiere creerlo (y yo, sólo pienso en ese puerco con cara de rata haciendo sus cálculos en vidas destrozadas: En el 2014 habrá elecciones) Mi hermano despotrica contra Bankia, se llena de ira contando los millones que les vamos a regalar mientras me cuenta que a sus vecinos los han echado a la calle (y deberán seguir pagando de por vida su miserable hipoteca) y que a su suegra el "amigo" director de su sucursal le ha robado todos sus ahorros con unos tejemanejes que ahora se ha enterado, se llaman preferenciales.
Mis compañeros policías me cuentan crispados qué grado de odio están acumulando contra esos mismos fantoches a los que se ven obligados a proteger, los mismos que les roban cada día, los mismos que les arrojan a los caballos para ser sacrificados.
Veo en la tele programas de islas paradisíacas y mansiones de infarto. A nadie le parece injusto ese despilfarro, lo único que veo es envidia y colas en la estafeta de la lotería. Niños que mueren en Siria a la hora de la comida para que nos sintamos afortunados.
Necesito seguir bajando, más profundo, más hondo en este océano de silencio para mantener la cordura. Volveré a emerger, lo sé.
Pero ahora lo único que puedo creer es en el color zafíro de esta hermosa masa de agua donde los peces se deslizan ante mis ojos y me miran con la conmiseración que merecemos los pobres y perdidos seres humanos.

2 comentarios:

  1. http://www.youtube.com/watch?v=YBKgWED6w8c

    Tragedias olvidadas. Está en inglés, pero así practicas.

    Las "desgracias" que hoy en día nos hacen subir al primer carro de populismo barato que nos pasa por al lado o adoptar poses presuntamente comprometidas con no se sabe bien qué, parecen una broma comparadas con el precio que tuvieron que pagar nuestros antepasados por la libertad con la que nos acostamos cada día. Pero todavía estamos en la época en la que todo parece gratis, ¿no?

    Ya me dirás.

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  2. Estoy en parte de acuerdo contigo. Cuando arrecian las crisis uno olvida sus valores y la templanza, como dice Markaris: nadie pregunta cuando todo le va bien. Ahora corremos el peligro de caer en manos de los demagogos y de la ira sin sentido. Pero algo está claro, para mí: necesitamos cambiar, o todo lo que en este país se ha avanzado gracias a nuestros abuelos se perderá sin que podamos evitarlo. Y eso sería imperdonable. Un saludo

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