lunes, 19 de diciembre de 2011

Sombras

No importa las veces que te ha dicho que te ama. No significa demasiado su mirada perdida en tu pelo, apenas puedes recordar el tacto de sus dedos resbalando por el precipicio de tu cadera. Su olor pegado a , su textura en tu ombligo, su voz entrecortada por el humo de un pitillo. Incluso su rostro, tan venerado por , se irá esfumando cuando estés sóla. Y entonces, abrazada a la duda, el eco de sus pasos te parecerá más lejano que nunca, sus palabras las distorsionará el ruido de este momento, como el eco desgajándose entre las montañas. Y sentirás el atroz dolor de la angustia en el estómago, y tendrás que abrazarte muy fuerte tú sola en tu cama para no morirte de frío. Para no sucumbir al miedo de que todo sea una mentira. Una pompa de jabón. Arderá en tu soledad el recuerdo de eso que te dijo, como si nada, mirando a otra mujer que pasaba junto a vuestros rostros pegados. Realmente, como escribe Sagan, " hace falta ser muy joven para de desilusionarse del amante porque haya otros" Y eso, que escuchaste como una broma ahora te pesará como un yunque en tu esperanza. Realmente hace falta ser muy lúcido para comprender la Verdad detrás de cada palabra. Cada gesto que recuerdes te servirá como cordaje cuando aumente la zozobra de la distancia, cuando la locura del engaño te asome al alma.
Deja de pensar. Deja de contenerte cuando ocurra, no finjas una alegría sin excesos, una lucidez infeliz, una amabilidad distante con el Mundo. Rompe lo que tengas que romper. Siente lo que tengas que sentir. Y no te culpes. Todos olvidamos, todos dudamos cuando nos alejamos demasiado de lo que amamos.
Hay quien nace para Amar. Puede ser, yo no lo sé: Sólo sé que que el Invierno ha llegado, que las últimas hojas están cayendo fosilizadas como papel de vitela, que las cartas de amor se acumulan en los cajones de los indecisos, y que a poco que uno se olvida de soñar aparecen esos personajes amables, anodinos y amortajados dispuestos a darnos buenos consejos de "sentido común" Mírales a la cara ¿no reconoces en ellos la grisura de los muertos?
No hay Amor sin miedo, y sólo gana en este juego quien no tiene nada que perder. Pero ¿no es mejor perderlo todo, para siempre, una y otra vez?
No tengas miedo de quien amas. Ten miedo, más bien, de tus propias sombras. Y recuerda que en este juego quien se queda en medio se queda sin nada. Sin Gloria. Sin Pena. El amor siempre es una apuesta a Todo o a Nada.

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