viernes, 3 de junio de 2011

Chic@s buenos VS chic@s mal@s



Puede que yo llegue siempre tarde a los acontecimientos importantes de mi propia vida, no lo sé. O puede que me empeñe en remar hacia el lado contrario en el momento más inoportuno, suele pasarme.

Pero lo cierto es que últimamente vivo a caballo entre la perplejidad, el desconcierto y una extraña sensación de no estar en ninguna parte.


Corren malos tiempos para la tibieza. Se impone un discurso de máximos, de blancos y negros, de afirmaciones taxativas y de estar en un bando u otro. Si no eres progresista eres conservador y/o viceversa, si no eres de los unos eres de los otros. Todo el Mundo tiene claro su discurso, sí, y lo vociferan hasta que les sangra la garganta. Hay una bandera para cada causa, un enemigo para cada uno y una sentencia para cada pensamiento. Todo va muy rápido, o entras o te quedas fuera.

Y a contrapelo, yo reivindico el derecho al matiz, al detalle, a la contradicción. Tengo derecho a vivir en el remolino de mis propias emociones, a cambiar de opinión cuando me convencen con argumentos, a discutir sin ánimo de imponerme sino de compartir, a preguntar no para demostrar que soy más listo sino porque espero respuestas. Yo me siento cómodo en la tibieza del pensamiento y la acción, a pensar antes que hacer, a actuar una vez he decidido, a dar un paso atrás si voy a caer, a dar un paso adelante si necesito correr.

No lo sé todo, en realidad no sé nada. Sólo sé que un hombre es igual a otro cuando está desnudo, que una mujer es idéntica a otro en dos partes opuestas del Mundo, que una palabra se puede traducir en mil idiomas y en cada uno significa algo distinto.

Estoy cansado de la demagogia, de los productos al uso para consumo propio, de los discursos que no nos inquietan sino que nos hacer regodearnos en nuestra creencia. Harto de la manipulación, de los palos, ded las mentiras, de la hipocresía, harto hasta la náusea de que no podamos sentarnos a hablar, a decir, a escuchar, sin miedo a que te cuelguen esta o aquella etiqueta.

Estoy harto de nuestra ceguera, de nuestra estúpida manía de empequeñecer cuanto nos sucede, de conformarnos con tan poco como ser héroes por un día o villanos. Estoy harto de que me pregunten y tú con quién estás.

Sólo pienso en aquel anciano en el banco del café Zurich tomando un cortado mientras los unos pegaban, los otros respondían y la gente se odiaba. Pienso en la sonrisa condescendiente de ese anciano y en el café que se le estaba quedando frío.

Sí, ya lo sé. Soy un tibio. Menos cuando algo merece la pena.

1 comentario:

  1. Somos tantos y tan iguales, que la diferencia solo se encaja desde cada uno.

    ResponderEliminar