viernes, 9 de enero de 2015

Vivir

Caminar. Caminar hasta que se encuentre el camino.
Bordear las espinas de la desesperación sin dejarse lacerar.
Saltar muros tras los que solo hay abismos.
Y caer.
Y apretar mucho los ojos para volar.
Colgar de las ramas las pieles de nuestros sueños
 y añorarlos florecer en ocasos que no llegan.
Flores de manzano verde.
Esperar rocíos que no sean escarcha,
 muertes que solo sean dormirse.
Y volver al mar,
y que la sal nos cierre los ojos.
Y regresar a casa,
y que el techo esté limpio de abrojos.

Vivir en riesgo de perder,
amar sabiendo que bebemos
en las palmas de un espejismo.
Y aún así beber,
hasta saciar el grano en la garganta
el grito en la boca
el silencio entre los dientes.
Y las manos rotas que palpan el polvo,
y los dedos que arañan la piedra,
y la uña que graba nuestro anhelo
en el hielo.

Y aún así, vivir. Vivir madre.

Que yo no quiero morir,
que yo no quiero darle mi corazón a la tierra
ni mi piel a la lluvia
ni mi nombre al olvido.
Que no quiero muertos!
Que los quiero vivos!
Que vuelvan, madre. Todos.

2 comentarios:

  1. Víctor, tras los acontecimientos vividos esta semana, tu pluma tiene efecto de pomada para el alma.

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  2. Wow eres un gran poeta, has plasmado el más sublime sentimiento!

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