miércoles, 29 de mayo de 2013

Subir a las cumbres

Hace mucho tiempo practiqué el alpinismo. Nada exótico, ningún ocho mil en mi haber, pero me gustaba cargar mi mochila con una tienda igloo y marcharme solo durante una semana al Pirineo. De aquellas travesías, a veces en invierno, lo que más recuerdo era la sensación de soledad, una soledad que venía a acompañarme en las horas de aproximación y ascenso al Poset, al Perdiguero, al Aneto. Sentía que todos mis sentidos se exacerbaban cuanto más me acercaba a la cumbre. El oído, la vista, el olfato. Y a pesar del cansancio y del temor (siempre he padecido vértigo)se producía una conjunción de sensaciones que me hacían sentir absolutamente vivo. Como no podría sentirlo en ninguna otra parte, excepto, quizá, en el mar (paradójico, pero no tanto: se trata de horizontes). Ponerte a prueba y vencerte o asumir tus limitaciones y retirarte es una buena escuela para otras ascensiones cotidianas.
¿Porqué suben los hombres a las cumbres? Diría que simplemente porque están ahí. Por eso creo entender al alpinista de Lleida fallecido recientemente, o a su colega japonesa (de la que apenas se ha mencionado nada) Cada año  mueren personas en las cumbres más altas, y siguen subiendo. Tal vez porque en las alturas están las últimas fronteras, la ilusión de que todavía quedan límites que explorar por el hombre.
Otra cumbre bien distinta, igual de peligrosa, solo que menos reconfortante para esa conciencia colectiva que se genera con el esfuerzo y la abnegación de los alpinistas como Juanjo Garra o el deseo del sherpa que le acompañaba por permanecer junto a él en su lenta agonía, está aquí en esos lugares donde reside la voluntad popular pero que se protegen de esa misma voluntad popular con cámaras, escuadrones de Policías y vallas de contención. Imagino que ganar más en dietas que en sueldos, no cotizar a la seguridad social en el mismo régimen que el resto de los españoles, tener prebendas en pensiones y desgravaciones, y que además te subvencionen el wuisquazo de media sesión debe ser una especie de culminación, también. Mirar a los demás con esa mirada del que está arriba, arriba del todo y que escupe hacia abajo solo por la gracia de ver llover.
Que la clase política hace tiempo que dejó ser ejemplo de nada es más que evidente: basten los dislates, las mentiras y las procacidades de a diario. Una más y llueve sobre mojado. ! millón de euros para subvencionar los cafelitos de sus señorías, que según parece no les alcanza el sueldo para el mísero carajillo. Con razón le preguntaron al ex presidente Zapatero por el precio de un café y el hombre no supo qué decir porque no tenía a mano ni la carta de la cafetería del Congreso ni al escolta que para estos menesteres suele llevar algún centimillo suelto.
Y hablando de cumbres y Presidentes, qué quieren que les diga: me gustaba más Aznar con bigote, me lo tomaba más en serio (y perdonen que necesite tirar de la ironía). Encumbrarse a uno mismo, sin sentirse responsable de nada de lo malo ocurrido: la muerte de los militares del YaK en Turquía, la guerra de Irak, la ley del suelo que destruyó nuestras costas, por no hablar de sobres y colegas que pagan la luz de bodas de zarismo...Eso sí tiene mérito, aunque sin bigote el hombre me pareció un poco más modesto. Suerte que al hablar parece que él inventó el mar y los peces y al que no le guste, como dice ese demócrata italiano (otra de las gordas ironías) Bepe Grillo: que le den. Así son nuestros encumbradores de las poltronas más altas.
Comparar nunca está bien, pero a veces es inevitable ¿no les parece?
Quedan otras cumbres de las que hablar, y las literarias no son menos abrupta. Pero de esos, de nosotros, ya hablaremos otro día.
Que descanse en su Paz, lejos de nosotros y cerca de su familia y amigos, Juanjo Garra.

5 comentarios:

  1. gran, com sempre! Una aferrada!

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  2. Que gran texto de homenaje a un amante de las montañas como el malogrado Juanjo Garra. Da mucha rabia que por un tobillo roto se pierda una vida. Pero supongo que eso es la vida, esa su fragilidad.

    PD: Yo también subí el Poset en su día y lo recuerdo con una sonrisa. Vaya pared final, jejeje.

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  3. Para paso el de Mahoma, en el aneto. Entendí que uno tiene que mar mucho lo que hace para pasar según que momentos.

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    1. Es una de las cosas que me quedarán pendientes en esta vida. Hubo un tiempo en que tuve ganas de afrontarlo. Ahora no sé si sería capaz o si las ganas son las mismas.

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