martes, 6 de marzo de 2012

Mi sombra y yo


Viajes interiores que nunca avisan. Camino por una calle cualquiera, y podría no ser este, sino otro cualquiera, que habita esta piel mía, la costumbre. Podría ser cualquiera de los rostros con los que me cruzo, a los que busco, a los que me buscan. Resbalo por mis días hacia el siguiente, como todos. Barrunto mis sueños, mastico mis problemas, duermo despierto. Y soy como una burbuja en el bullir de esta vida que no sé si tiene o no tiene finalidad.
A veces siento mi consistencia, los pulmones que se quejan con la bocanada del cigarrillo, el escalofrío al doblar una esquina batida por el viento. A mi también me duelen los pies de andar, pero no siempre sé a dónde voy.
En otros momentos, sin embargo, me dejo atrás, como si mi sombra me avanzase y yo la viese en el escaparate antes de llegar. No es algo que yo elija, es algo que pasa. Como si todo se quedase quieto, yo, la ciudad, el chorro de una fuente, el ladrido de un perro, la sirena de una ambulancia. Y es en ese instante cuando sé lo que soy, lo que este cuerpo, esta sonrisa y este cansancio esconde. Aire, puro aire, algo que entra y sale, que viene y va, de mí a los otros, de los otros a mí.
Y todo se queda en calma. Sé que estaré bien. Lo sé. Pero mi torpeza no permite explicarlo.
Apenas dura nada, la burbuja estalla y mi sombra vuelve obediente a su lugar, a mi espalda.
Pero algo ha cambiado. Caminamos, mi sombra y yo con el paso dispar.

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