martes, 7 de febrero de 2012

Contrapunto


Canta Machado
Y este dolor que añora o desconfía/el temblor de una lágrima reprime/ y un resto de viril hipocresía/ con el semblante pálido se imprime.
Serio retrato en la pred clarea todavía. Nosotros divagamos./ En la tristeza del hogar golpea/ el tic tac del reloj./ Todos callamos.
(Soledades I)
No existe mayor contraste que el blanco sobre el negro, la noche sobre el día. Acaso meter el puño en el hielo y después extender la mano sobre el fuego. Vivimos llenos de contrapuntos, calles sin salida que sin embargo están llenas de puertas. El mundo me parece lleno de gritos, los oigo, como un emjambre, por todas partes, pero ¿qué dicen? El grito es el miedo al silencio, la desesperación del pensamiento, desbordado por el entendimiento. Gritamos de alegría, gritamos de miedo, gritamos de placer y gritamos de dolor. Sólo la perplejidad de la comprensión absoluta nos deja en silencio.
Corro feliz con mi segundo de felicidad bien amarrado en el bolsillo y al doblar la esquina del instante tropiezo con quien está perdido, un no ser, arrebujado entre mantas que huelen a quien abrigan, miseria. Y siento que mi felicidad se me escurre por la pernera del pantalón, que no es mía, que ya se fue.
Una boda y un entierro recorren el mismo camino, a veces al mismo tiempo, el coche funerario y el coche engalanado de los novios cruzan sus destellos negros y sus ocupantes se miran con el inevitable presagio de lo cierto. Sonrisas congeladas. Buena suerte les dice el muerto a los novios. Buen viaje, responden estos. Nos veremos más tarde que pronto.
Un soldado que lee poesía con las manos manchadas con la sangre de un niño. Un niño que encañona con un fusil a un soldado prisionero. Los dos son el mismo terror, el terror del poder quitar la Vida. La conciencia de que verso no detiene las balas. El soldado se orina en su pantalón de campaña. El niño cierra los ojos y le fusila. Es tan fácil. Sólo ha sentido una sacudida.
Veo el televisor. En todas partes están ellos, los de siempre, los que nos gobiernan desde hace dos milenios: Cambian de cara, de argumento, de voz, pero son nuestros dueños, el mundo es suyo, somos sus muñecos. Me asquean, no puedo evitarlo. Querría hacer estallar la televisión, con sus caras, sus presencias dentro, contra el suelo. Huelen a mentira, a hipocresía, me repugna su falta de dignidad, su anhelo incesante por algo tan inútil como El Poder. También son mortales, también los gusanos que los han de devorar están ya germinando en su interior, hibernando. Para éllos el ataúd de oro, las salvas y los libros de honores. A mí me espera un entierro de emperador de la Nada: una fosa en tierra, las raíces de los árboles alimentándose de mi ausencia, el sabor del agua empapando el suelo, bebiendo en mi boca seca.
Contrapunto. Querer continuar y no poder, querer parar y no poder. Sentir que puedes volar des una silla de ruedas. Amar intensamente para encerrar lo infinito en un suspiro y después sentir que el viento te ahueca por dentro.
Soñar playas y temer los mares. Ver las montañas mientras te ven las nubes. Y una naranja con cristales de nieve deshaciéndose en la palma de mi mano.
De la llanura a la colina, de la colina al abismo, del abismo al cielo, del cielo al Infierno, del Infierno...¿a dónde? Saltamos de un instante al siguiente, sin pensar, sin dudar. Saltamos hacia lo incomprensible buscando razones. ¿Existe un destino más allá de este instante? ¿Qué es el futuro? ¿La ausencia de presente, el delirio de una esperanza que en el hoy no es posible?
La vida debe ser hermosa, pese al horror que a veces la empaña, nos diría un visitante que no nos entendiese. Debe serlo, puesto que nos aferramos a ella con todo lo que tenemos.
Contrapuntos. Esta habitación iluminada, y al fondo una puerta entreabierta, y detrás una pregunta. ¿Por qué callamos?

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