jueves, 3 de noviembre de 2011

Volar sin alas


¿Porqué soñamos con volar? ¿Qué hay en el cielo para nosotros que no esté en la Tierra? Desde niños, tumbados en la hierba, contemplamos la deriva de las nubes imaginando figuras de algodón. Jugamos a seguir con el índice el vuelo de un pájaro, seguimos la estela de un avión, admiramos los rizos del aire en lo alto de las montañas más inaccesibles.
Tal vez un día fuimos ángeles y añoramos nuestro hogar.
Quien sabe si en algún rincón de eso que llamamos alma conservamos el recuerdo de nuestros juegos en las corrientes del viento, las olas furiosas del Garbí, de la Tramontana, del Levante y nosotros dominándo sus crines entre risas.
Tal vez una vez fuimos perfectos, y puros y etéreos, y echamos de menos nuestra naturaleza primigenia.
Recordamos acaso al mirar desde arriba, a vista de pájaro, el Mundo, que hubo un tiempo en el que todo era sencillo, sin fornteras, sin alambres, sin muros que saltar, sin penas, ni culpas. Un tiempo en el que el Universo éramos nosotros, limpios, hermosos, honestos.
Caímos, si, por nuestra locura caímos, nuestras alas se quemaron al pasar demasiado cerca del Sol. Lo quisimos Todo sin comprender que éramos Todo.
Caímos con dolor y tristeza, sufrimos la mortalidad, la ruptura de nuestro Uno en mil pedazos que se desperdigaron en la Noche.
Desde entonces nos buscamos, unos a otros, para recomponer nuestros pedazos. Ya sólo somos ángeles caídos, como escribió Milton: "Tan cerca de la Vida crece la Muerte" Pero aún alzamos la mirada al cielo, alargamos las manos y cerramos los párpados para escuchar el ulular del Viento entre nuestros cabellos.
Ya no tenemos alas,
pero todavía tenemos su recuerdo.
Y nos seguimos buscando,
y en el sueño nos vamos encontrando de nuevo.

1 comentario:

  1. Una visión perfecta de lo que podriá haber sido. Gracias a nuestro aliado, los sueños....

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