domingo, 17 de julio de 2011

Poema XV Pablo Neruda (y mi eco en su voz).

Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma, emerges de las cosas, llena de alma mía...


Me gusta tu silencio que me observa y que me escucha.
Me gusta esa ausencia tuya que sólo es un parántesis para dejarme pensar. Pero qué largo se hace el camino siguiendo el aroma que vas dejando a cada paso que das. Son como gotas de tu vida que yo bebo para saciar la mía. No pienso en tus ojos, no quiero pensar, pero parpadeas y me llega el soplo de tus pestañas como el reflujo de una ola en este mar que me orilla.

Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa, eso basta. Y estoy alegre, de que no sea cierto.

Me busco en tus palabras que ahora suenan en mi como el eco en un profundo valle. Y aprendiendo a aquietarme voy aprendiendo también la salida. Y la soledad se convierte en guardián fiel que vela mi sueño. Sonrío, escribo, olvido, no quiero...pero pienso.
El mundo ahí fuera está girando, y fuiste tú quien dio el primer impulso. Tu sueño, dijiste...Tus sueños. Pero aquí dentro, aquí que sólo yo veo y siento, en cada letra que escribo para otros, está tu silencio.
Lo sé, soy un niño. Estoy creciendo. Pero cómo duele la carne, como sufren los huesos mientras se estiran y se rompen para convertirme en este hombre nuevo.
Tú estás cerca pero yo estoy lejos de ser todo eso. Silencio. Yo soy manos que buscan, soy ojos que queman y gritan, soy olor, soy pelo, soy carne. Yo vivo de la sangre que palpita en los otros, con los otros.
Está bien esta ausencia que canta el poeta. Pero cómo me rasga la sábana mi brazo buscándote junto a mi cama para encontrar sólo la consistencia del vacío por las noches y al alba.
Tu sigue viviendo en el poema. Yo seguiré viviendo en la Nada.

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