lunes, 18 de octubre de 2010

A la gente del Mundo


Por una vez me ha emocionado ver a tanta gente trabajando en pos de un objetivo. Las caras de esos 33 mineros cuando vieron aparecer la primera sonda hace setenta y tantos días debió ser dde asombro, de incredulidad, al comprobar que no se habían olvidado en la superfície de que bajo la montaña ellos todavía respiraban.

El ser humano tiene mucho de negativo, no hace falta recordarlo, para eso está la realidad. Pero cuenta con virtudes asombrosas que hemos ido olvidando a medida que nos alejamos de nuestra naturaleza más visceral: tenemos capacidad de sobrevivir, de organizarnos, de sufrir y sobretodo de aferrarnos a cualquier esperanza, por mínima que esta sea.

Esos hombres de aspecto demacrado, sucios de hollín, muchos sin educación secundaria, esos hombres que en una calle de nuestras ciudades nos harían torcer el gesto y cambiarnos de acera cagados de miedo, nos han dado una lección. Sí señor, toda una lección.

Y también, por una vez, gobernantes, técnicos y empresarios. Parece un milagro que todos hayan unido esfuerzos para algo que ´se preveía imposible. Y lo han logrado.

No soy tan ingenuo como para cerrar los ojos a la realidad de una mina falta de seguridad, una legislación permisiva con el capital y un presidente populista, y tampoco soy ajeno al circo que televisones y diarios han montado. Estropear las cosas buenas forma parte de nuestra idiosincracia. Pero por una vez, me gustaría que el ejemplo cundiera. Si unimos esfuerzos, podemos ser una especie que merece la pena preservar.

Mi pensamiento está con aquella niña que murió hace años atrapada en un pozo. Recuerdo su agonía frente a las cámaras y la impotencia de no poder hacer nada por salvarla. Afortunadamente, para estas 33 familias esta vez la suerte ha sido otra. Seguro que ella se alegra.

Buenas noches a todos.

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