miércoles, 30 de noviembre de 2011

Ser o no Ser

El 12 de Junio de 2005, el cofundador de Apple, Steve Jobs, se dirigió a una multitud de licenciados universitarios en Stanford. Su discurso, largamente propagado a través de Internet a su muerte, ha servido entre otras cosas para canonizarle en el santoral de nuestro imaginario laico. Pero lo cierto es que por más que oídas, estas palabras merecen ser repetidas: "Tienes un tiempo limitado y no hay que perderlo viviendo la vida de otro. No quedes atrapado en el dogma de vivir con arreglo a los parámetros de lo que otros piensan. Que el ruido de las opiniones de los demás no acalle tu propia voz interior. Ten el valor de obedecer a tu corazón y a tu intuición, que, en cierto modo, saben lo que quieres de verdad. Todo lo demás es secundario"
Nos ha tocado vivir un tiempo convulso (¿qué tiempo no lo ha sido, en realidad?), donde todo se pone en tela de juicio, donde los valores que antes nos sustentaban socialmente parecen ahora columnas resquebrajadas que apenas soportan la techumbre que nos cobija; la inseguridad, la incerteza, nos está volviendo cínicos, descreídos, ignorantes y abandonados a un pesimismo de perro apaleado. Y paradójicamente nos hemos vueltos más incultos, y con ello más crédulos, dispuestos a asumir como verdades absolutas las consignas lanzadas desde un púlpito, sólo que los curas ya no van con sotana y crucifijo: ahora lucen equipos de fútbol, imagen mediatica, discursos americanos de motivación reciclados para uso doméstico y éxito en los negocios. El propio Jobs se quejaba en 1984 de que los estudiantes universitarios que le escuchaban, lo hacían únicamente porque era millonario. No les interesaba ser como él "innovar, soñar y luchar" sino obtener lo que él había conseguido, sus millones de dólares, y a poder ser, lo más rápidamente posible. han aumentado los gastos en loterias y tarotistas o brujos, cada vez hay más personas que sólo se informan a través de Internet sin contrastar opiniones, y el consumo de libros sigue cayendo.
No estamos acostumbrados al fracaso. No queremos oirlo, no queremos verlo. La lucha, el esfuerzo, el sacrificio no vale nada si no se triunfa. Pero deberían decirnos que el fracaso es un escalón más en la vida, que no siempre se consigue lo que uno persigue, que no todo es si quieres puedes; a veces quieres y no puedes. Es la pura verdad. Y eso no debería restarle un ápice al valor de nuestro sudor.
Importar triunfar, claro que importa. Pero por encima de todo importa saber qué es el triunfo para nosotros, en cuántos coches, pisos o cuentas bancarias lo ciframos.
Creo que entiendo a este hombre, a Jobs, creo que entiendo su tristeza cuando delante de miles de chavales les lanza el reto de ser valientes y ellos le señalan y susurran al compañero de al lado, "mira ese es el tío que se forró con el Mc"
Yo no sé lo que es el éxito, sí sé lo que es el fracaso. Y puedo contaros un secreto: no se diferencian demasiado.
Lo que importa es seguir adelante. Lo que vale es lo que sientes dentro, no el reflejo que los otros ven. La vanidad es la peor de las esclavitudes, la fama está llena de servicias y el orgullo es un palo en las propias ruedas. Todo eso es ruido. Pero la Dignidad es silenciosa y recta, como una flecha que no se desvía de su objetivo.

1 comentario:

  1. M'ha agradat molt llegir la teva reflexió i m'ha fet pensar en què vol dir per mi tenir èxit??? doncs per mi és saber que dues "personetes" han respirat gràcies a mi, perquè jo HE EXISTIT!!!

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